domingo, 7 de abril de 2013

El último mediodía de marzo

No es que yo tiente a la suerte, es que juego con ella. Me refiero a que no refreno las palabras, no temo usarlas. Aquí donde me ven, sentada en el suelo ya haciéndole sombra al tiempo, me estoy llenando los puños de verdades, y tal cual las dejo volar. No me privo de mis placeres ni me prohíbo entrar en reyertas de sol y sombra. Tampoco siembro el pánico, no crean. Yo retuerzo las ideas hasta que forman lo que quiero, eso es. Moldeo los miedos y los deseos y los tiendo con mis expectativas. Marco mi rumbo y mi destino, y marcho allá donde me lleve mi cuerda insensatez. No me malinterpreten, no soy una gran jugadora; sólo pienso que, puestos a arriesgar, apostémoslo todo. Mis señorías, pueden creerme o tildarme de insana, pero lo único que deberían hacer esta vez es sentir.

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