Imagino que ya no queda nada más que decir. No existe el modo en el que simplemente pueda estar bien contigo. Conversaciones de cuatro frases. Testigo de mi vida, me siento y espero a que algo ocurra y me lleve consigo. Me río de mis propias bromas con amargura y me placen mis pesadillas, las que me persiguen mientras duermo y se desvanecen con el sobresalto del despertar.
Yo te ignoro, tú me ignoras; no dejes de ignorarme cuando nos veamos, porque eso haré yo: observarte. Empecé por buscarte, seguir tus pisadas y encajar mis dedos en tus huellas. Deprimentemente cierta... Reencontré mi alma cuando leí tu nombre. No crezco, simplemente me quemo. Vivo en esta cueva mental. Deparramé mis emociones por un suelo de grava...
De todos modos, dejé de necesitarlas el día en el que, al fin, la luz del cielo me deslumbró.
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