martes, 20 de septiembre de 2011

Otoño

Luceros soñolientos
con bostezos aún en la boca.
El sueño de una noche de verano
que se hace otoño
que lo pinta todo de dorado,
marrón, ocre, rojo.


Los árboles suspiran
mientras sus hojas caen,
como mis lágrimas
el 8 de septiembre,
y se despiden de su mejor traje
que en el suelo cruje
bajo los pies de un gato.


Los recovecos de frío
bocanadas que se infiltran
en la etimología del tiempo
que sólo pasa,
que no aguarda,
que me devuelve a la manga larga.


Se me cae el cielo oscuro
cuando sólo son las ocho
y ya extraño ayer,
cuando el sol se acostaba más tarde
en el horizonte de montañas.

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