martes, 13 de septiembre de 2011

LAS CONVERSE DE CENICIENTA (Capítulo 7)

7-¡Mamá!


        Suena el claxon desde fuera de casa. ¡Mamá! ¡Ya ha llegado! Me despido de Alison, y de papá con un beso en la mejilla. Sally se acerca y nos abrazamos fuerte.

        -Prométeme que serás mala.
        -Te lo juro.
        -Y mantenme avisada sobre TBDLT…
        -Hecho.

        Voy hacia Lucy y no sé si abrazarla… Vale, ahora la entiendo más, pero es que… el factor radioactivo puede disminuir un poco. Bueno, me trago mi orgullo y le doy un abrazo corto en vez de la patada en el culo que se merece.

        -Perdón.
        -¿Eh?
        -No lo repetiré, lo sabes.

        Me separo de su pestazo a colonia y voy hacia la puerta. Me giro, y la escena me parece de película. Ahí está mi familia, sonriendo para volver a hacer sus cosas en cuanto yo salga por la puerta. Respiro hondo. Agarro el pomo y lo hago girar, y me vuelvo a dar la vuelta. ¿Me echarán de menos? ¡Ojalá! ¿Pero qué me lo asegura? ¡Por favor, Cindy, no seas pava! ¡Que ya tienes unos añitos!

        -Te echaré de menos, cariño-me dice papá.
        -Os compraré algo.
       
        Salgo y cierro la puerta para ver a una mujer ataviada con un vestido por encima de las rodillas blanco y con unos tacones de aguja a conjunto. Mi madre es rubia y delgada, y se quita las gafas de sol para mostrarme una mirada afectuosa en sus ojos pardos pintados de negro intenso.

        -¡Hola!
        -¡HOLA!-corro y le abrazo.
        -¿Qué tal, cielo?
        -¡Muy bien!
        -¿Cómo está papá?
        -Bien, como siempre.
        -¿Y Alison?
        -Muy bien. Me ha comprado unas Converse amarillas que son…-no digas la hostia…- ¡que son la hostia! ¡Ya las verás!
        -¡No hables así, Cindy!
        -¡No me llames Cindy, mamá!

        Se ríe. Hace unas semanas me dijo que debía esta loca para aceptar llamarme así. En realidad me llamo Cinthia Silverwood, pero la cosa no mejora… Mamá me quería llamar Candace, pero papá, tozudo, dijo que no, que para Candace Cinthia, y como mamá estaba enamorada por aquel entonces, aceptó. Estoy deseando ser mayor de edad para cambiar mi nombre en el registro civil.

        -Está bien… Cinthia.
        -Qué mal gusto…
        -Perdón… En unos años te podrás cambiar el nombre por Candace.
        -¿Y si no me gusta?
        -Pues por el nombre que quieras.

        Nos subimos en el coche. Aún no sé dónde vamos esta vez, pero hay un puente por delante y a mamá y a mí nos gusta viajar, así que no sé si preguntarlo o esperar y que sea una sorpresa… ¡Qué más da!

        -¿Dónde vamos?
        -A ver a tu abuela.
        -¿Pasaremos el puente con… la abuela?- A ver, no tengo nada en contra de mi abuela, pero es que es la típica ancianita que te ceba a galletitas y té y que te hace cositas “adorables” de ganchillo y punto, y eso a mí me aburre un poco.
        -¿Te parece mal?
        -Eh… No. Pero es que la abuela me parece… No sé, no me divierte demasiado.
        -¡Pero si las historias de cuando era joven son divertidísimas!
        -Uy, sí, lo de “el mozo que se atrevió a mirarle el bajo de la falda por los tobillos” es una de mis favoritas…-ironizo.
        -Para su época eso era una osadía…
        -¡Era la prehistoria!
        -Jovencita, te estás ganando un castigo.
        -¡Es un puente, mamá!
        -Está bien. Vamos a Nueva York.
        -¿EN SERIO?
        -No.
        -Jo.
        -Iremos a una ciudad que está cerca de dónde vive tu abuela, así que nos viene de paso.
        -¿Y qué haremos?
        -Improvisar sobre la marcha.
        -¡Genial!

        Estamos llegando a una urbanización, se llama Oldestville. Y le va que ni pintado, porqué casi toda la población son viejecitos que se pasan la tarde jugando a cartas, al dominó o sentados en un banco hablando de los viejos tiempos. Me imagino que cuando yo sea una anciana hablaremos de comentarios ingeniosos en los perfiles de otros en MySpace o símiles…

        -No te he preguntado por tus hermanastras. ¿Cómo están?
        -Bueno… Sally genial, como siempre.
        -Esa niña es un encanto. ¿Y la otra?
        -Lloriqueando y tal… ¡Pero he descubierto que le gusta la buena música! Si más no, la ropa de las bandas que me gustan a mí…
        -¿Cómo lo descubriste?
        -Hurgando en su armario-¿Para qué mentirle a mamá? Me encojo de hombros.
        -¡Eso está muy mal!
        -Es que me había insultado. Era una venganza.
        -La venganza no es buena…
        -Pero sienta genial.
        -En eso te doy la razón, pero por que tú te quieras sentir bien no tienes porqué hacer sufrir a los demás…
        -Es ella, sólo se la devuelvo.
        -¿Poniéndote a su nivel?
        -Me gusta darle oportunidades a la gente, así que bajo el listón.

        Mamá sonríe. Sé que se siente identificada con mis palabras, así que estoy contenta. Aún así, intenta disimular y hacer ver que no le hace gracia, y me dice en algo que creo que iba a ser un tono serio:

        -Pero no es eso, mi vida…

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