Siempre supe que era alguien especial. Era.
En el parque, cuando éramos niños, nos columpiábamos juntos. Le hacía bromas, y ella siempre se reía. Me gustaba desde antes, siempre me había gustado. Era como un rayito de sol a través de un cielo gris. Cuando la dibujaba, ella era el sol en sí, iluminando a los niños que jugaban en un campo. Siempre ha sido mi dibujo favorito. Lo he ido repitiendo con los años, y, aunque ya tengo bastante práctica, nunca fue tarea fácil plasmar su cara en mis lienzos. Tenía la tez clara, la nariz pequeña, los ojos grandes, pardos con motas de un lodo, el pelo del color del café fuerte sin leche, las mejillas sonrosadas ligeramente, y una sonrisa encantadora, Cuando se reía, mostrando sus dientes blancos, se le formaban hoyuelos a lado y lado de las comisuras. Tenía los labios finos, y cuántas veces soñé con besarlos...
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