martes, 30 de agosto de 2011

LAS CONVERSE DE CENICIENTA (Capítulo 6)


6-Rosa, rosa, rosa y…


        Vale. Ya es un nuevo día. Hoy decido dejar que Lucy entre primero en el baño para continuar mi venganza. Estoy en pie de guerra, y no voy a esperar a que ella inicie el bombardeo. Correteo a la tierra del enemigo (su cuarto) y me presento con mi arsenal de armas (hilo, agujas, tela y tijeras entre varios). Abro el armario y me tiro al suelo dramáticamente, como si fuera una bomba. Me levanto y me fijo… Todo rosa… Rosa, rosa, rosa, rosa, rosa, rosa y rosa. Y más rosa… Y también esta camiseta negra de Green Day y estos pitillos oscuros y esta chupa de cuero (artificial, los animales no tienen porqué sufrirlo) en el fondo del armario, y rosa, rosa, rosa… ¡Espera! Rebobina. Camiseta negra de Green Day. Pitillos. Chupa de cuero. Meto la mano, y veo que el armario no tiene fondo. Me siento como en “Las Crónicas de Narnia”… Aparto ropa y me doy cuenta de que lleva a un vestidor… ¡Menudo vestidor! Ante mí aparecen prendas y prendas vintage, punk, de toda clase de colores, elegante, hippie… ¡Es como un sueño! ¡No puedo destrozar esta maravilla! Y además las paredes están llenas de pósters de grupos de música, Death Cab for Cutie, por ejemplo. No las puedo destrozar, pero nada me prohíbe confiscarlas… Pero da pereza. De momento hoy me pongo este pantalón negro con camiseta de Plasmatics de ahí, y me pongo las Converse amarillas.

        Francamente, aún alucino. Ni siquiera el agua fría que me moja me saca de mi asombro. Pero, ¡qué colección de ropa! ¡Qué estilazo! ¡Qué buen gusto, qué calidad! Pero lo que no me explico es qué hace un santuario a la exquisitez en el vestidor de Lucy… ¿En serio a ella le va esto? No me jodas, es imposible… No cabe duda que todo eso era mío, Lucy me durmió y me robó esto, después creó un sofisticado y complejo aparato para que olvidara mis preciadas pertenencias y se deshizo de él… ¡Así que llevo puesta mi ropa!

        No. Lucy no sabe de ciencia ni de mecánica. ¡Esto es un milagro!

        ¡DIOS ME QUIERE!

        Y Lucy no me ha dicho nada. ¡Pero su cara ha sido genial! Creo que le debo una disculpa.

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