domingo, 31 de julio de 2011
Supurando dolor de mis entrañas
Esta sensación de desasosiego que me amarga y me arrastra por las arenas de la impotencia y que no me suelta, aunque intento desatarme la cuerda que me rodea las muñecas, no puedo. Este dolor que me desgarra el alma persiste todo el tiempo, y ha habitado en mi siempre. Aflora con menos que una lágrima, y me conduce a una llanura de perdición, donde podría ahogarme en mi propio llanto, tan penoso, tan triste, inexistente para el exterior, letal para mi alma. Si tan solo aflojaran las cadenas que me oprimen el pecho y aprietan, sin dejarme respirar, marcándome dolorosamente con el hierro incandescente cual la sangre por mis venas, podría relajarme algo y no vivir rodeada de la muerte silenciosa y lenta que me persigue. Hasta el final, hasta que me funda en una duna de desmotivación, me veré obligada a persistir así. ¿Por qué yo?
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