miércoles, 19 de junio de 2013

Caída libre

Y, entonces, hay una explosión. Me sacude. En el epicentro de mi terremoto hallo cicatrices de golpes que nunca dolieron hasta ahora. Me encuentro con mi fragilidad y tiemblo. La piel de mis manos se resquebraja, los labios se me cortan y caen pequeñas láminas de él como si fueran yeso de una grieta. Levanto la vista y la clavo en el espejo: soy yo. Los mismos ojos, la misma tez, los mismos hombros, sólo que ahora se estremecen.

Me estoy cayendo.

Empiezan a resbalar las primeras lágrimas por mi cara quebradiza.

Esta vez, son lágrimas de felicidad y la aventura es la caída.

No sabré qué saldrá de mí, no sabré cómo acabaré hasta el final.

Y no temo. Sólo tiemblo y... me dejo caer.

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