Vulnerable
en el ojo de un tornado
que me observa,
tan atento
a mí,
ángel abochornado,
alicaído profundo
y víctima de mis afanes.
Y me compadece
fijándose en los rasguños
en las heridas de la plata.
Y me traga
sin saber
que lo que quiero es un sufrimiento
que me haga sentir vivo.
Agridulce,
el sabor de los vahos
entre tus labios,
aire que quisiera aspirar
y que en el aire desaparece,
en vano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario