jueves, 21 de abril de 2011

Sábanas

Me revuelvo entre lo que queda de un sueño soñado y me acurruco en el cojín. Abrazo a mi almohada blanda y calentita, porque he vuelto a soñar contigo. Me tapo hasta la cabeza y cierro los ojos; quiero volver a sentir esa sensación, ese abrazo, ese beso, dulce como una gota de néctar cayendo en mi lengua...


Qué delicia, el dormir. Me empeño en seguir, pero los rayos de luz del día se empeñan en desgarrar mi sueño, así que vamos para dentro. La manta me cubre, ofreciéndome su protección, hasta arriba, y me deslizo en lo más profundo de las entrañas de mi cama. Espero. Nada. Cierro los ojos, los aprieto. No duermo.


Quizás esta vez el sol me ha vuelto a romper un sueño perfecto. No importa, nada ahuyentará de mi mente el delicioso recuerdo de otro de mis pensamientos. Otra de mis memorias.


Pero hay que hacer la cama.

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