El viento azota la noche
consciente de que no temo a
la profunda boca de oscuridad
que me rodea, sorda.
Siento el principio del día
o el final de la noche
con tormenta ahí fuera
de las casi tres de la mañana
de un viernes cualquiera.
Quisiera abrir las ventanas
y saludar a las margaritas
ver despertar a los pajarillos
y cerrar los ojos al alba
de luces naranjas y rosadas
de flores de nube.
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