sábado, 26 de abril de 2014

Sobre la Muerte

A menudo el miedo nos frena. Hay que asumirlo: algún día vamos a morir todos. Exhalaremos nuestro último suspiro y ya no volveremos jamás. ¿Qué hay después de la vida? ¿El Cielo, el Hades, el Nirvana, la nada? Sólo los que cruzan ese puente que ahora es un punto lejano al final del camino saben la respuesta. Y ninguno de ellos ha regresado para acabar con la duda.

Qué desconsiderados.

Sea lo que sea que hay detrás, sea lo que sea aquello que nos va a alcanzar y que va a dejarnos siendo sólo un cuerpo, sin un alma que lo habite, es "el más horrible y áspero" de los senderos. Por algún motivo nadie quiere pisarlo, hay una razón que supera la curiosidad que clama por una respuesta: el terror.

Sí, ya lo dije arriba, el miedo nos frena.

¡No, no saltes desde el ático! ¡No deslices esa cuchilla por las profundidades de tu antebrazo! ¡No te atiborres a pastillas! ¡No te arrojes ante un tren imparable!

No muráis.

Parece que ante el horror de lo inminente nos hemos vuelto cautos. ¿Salir a la calle? Cualquiera podría atropellarte en cualquier momento. ¿Quedarse en casa? El techo podría derrumbarse y sepultarte bajo el yeso y el mobiliario del vecino de arriba. ¿Ir a dormir? ¡Ni hablar! ¿Y si no despiertas?

Pero el día tiene que llegar.

Moriremos todos.

Y a saber qué nos espera.

Sí, la vida es un paseo de cinco minutos comparada con la eternidad que nos aguarda, más tiempo del que ha transcurrido en toda la Historia es el que pasaremos inmóviles. Nuestros cuerpos serán polvo y, un día, ya no existiremos ni tan siquiera en el recuerdo.

Y hasta entonces...

Hay que dejar de temer. Hay que vivir.

No, no quiero que te vayas nunca. Escúchame. Eh. Ven. Ven aquí.

Mira. Mírame. ¿Ves mis ojos oscuros, mis cejas mal depiladas, mi pelo revuelto, mis lunares? En ese mismo momento podrían dejar de pertenecerme, podrían pasar a ser detalles en tu mente que el tiempo difuminará hasta que apenas recuerdes mi cara desdibujada y mi nombre, pero mírame. Estoy aquí. Estoy viva. Siento. No sé por cuánto tiempo, pero puedo respirar, y veo, y diferencio entre hedor y aroma, y sé que tus lágrimas dejan tu cara mojada y que la piel de tus manos sigue siendo suave, como cuando eras una criatura. Y tengo la certeza de que soy efímera, pero, de momento, me siento eterna.

Todos tememos, todos dudamos, todos nos rompemos en mil pedazos y todos necesitamos creer en algo. Yo no sé nada sobre la vida, tan sólo tengo un par de respuestas y mil cabos sueltos, pero, desafortunadamente, una de las cosas que conozco es el dolor. Sé lo que es extrañar, sé lo que es levantar las manos hacia el cielo a la espera de sentir el tacto de esa mano amada, sé lo que son las horas en soledad, a la espera de una llamada que ya nunca va a ser recibida. Sé lo que es la pérdida. Sé lo que es estar desgarrado.

Pero también conozco el amor. Conozco la ternura infinita de unos ojos brillantes, el calor de un abrazo ansiado y la sorpresa de un beso inesperado, sé lo que es una palabra de ánimo y una carta que se declara, sé lo que son los paseos en etéreas tardes de verano y sé lo que es observar una foto de esa persona que tienes en mente.

Y, cuando no está, duele.

Vaya que si duele.

Destruye.

Pero la vida es demasiado corta como para andar con mediocridades. Tempestad e ímpetu. Hay que despertar los corazones, derribar las murallas y arrancar las corazas, saltar desde el ático de la tristeza, deslizar la cuchilla por las profundidades de la desesperación, atiborrarse a pastillas de sueños y proyectos y arrojarse ante la vida imparable, dejarse arrollar.

Sí, todos vamos a morir... Pero, ¿vamos a vivir mientras tanto esperando a la Parca o a aquella sonrisa anhelada?

Una simple elección.

Moriremos inmortales.

(Hasta entonces... estoy contigo).

(También después).

2 comentarios:

  1. Me gusta. Me gusta muchisimo. El tiempo ha hecho maravillas con tu pluma. Y siendo sincera, siento envidia.
    Miedo, todavia tengo miedo a vivir. ¿Cuando se quita esa cosa?
    Un beso enorme.
    P/D: Puedes matarme por desaparecer. Adelante.

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    1. ¡Mil gracias por tu comentario, siempre me anima ver que escribes algo!

      Creo que el miedo se va cuando el rayo del Sol te toca... Quizás tú misma puedas prender el astro.

      ¡Muchos abrazos!

      P.D.: ¿Matarte y hacer desaparecer tus palabras? Ni de broma.

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