A veces hace falta algo más que un hombro en el que llorar. A veces, cuando ya no hay esperanza ni fe, se necesita comprensión. Y, en ocasiones, por mucho que se busque, uno se rinde, uno se niega a aceptar más decepciones.
Dan ganas de abandonar, sí.
De vez en cuando no hay recompensas. A menudo, tan sólo existe un sufrimiento enmudecido.
No soy una experta en la vida, pero ya llevo unos cuantos rodeos y unas pocas lágrimas.
A veces, uno desearía que el tiempo se congelase.
Una persona deja de ser feliz cuando ya no tiene nada en lo que creer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario