jueves, 25 de julio de 2013

Páramo

A veces no se puede volver a volar. A veces la vida no sigue, sólo transcurren las noches.

A veces uno no se encuentra.

A veces hace falta algo más que un hombro en el que llorar. A veces, cuando ya no hay esperanza ni fe, se necesita comprensión. Y, en ocasiones, por mucho que se busque, uno se rinde, uno se niega a aceptar más decepciones.

Dan ganas de abandonar, sí.

De vez en cuando no hay recompensas. A menudo, tan sólo existe un sufrimiento enmudecido.

No soy una experta en la vida, pero ya llevo unos cuantos rodeos y unas pocas lágrimas.

A veces, uno desearía que el tiempo se congelase.

Una persona deja de ser feliz cuando ya no tiene nada en lo que creer.


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