Desvanecida sombra que se proyecta
contra el alféizar de la ventana helada;
crepitando mis pasos en la acera florecen
las malas hierbas.
Hastiando un refunfuño
que se queja de mil cadenas,
se asoma al nido mullido
de la blanca lavandera,
que con su prisa y su gorjeo
una vez hizo que viera el sol de luna
lleno.
Será la risa del tiempo,
viejo amigo del silencio,
que observa cada paso,
cada lágrima, cada fracaso,
cada tropiezo, cada victoria,
cada gloria, tan satisfactoria,
que desfallecería en una lacra de gozo.
Es la propia senda
la que me empuja
suavemente
de las caderas
para que mi largo caminar no ceda
en el paraje
de la vida,
tan yermo hacia atrás
y tan luminoso hacia adelante que
mis ojos el destino vislumbrar
no alcanzan.
Desvanecida sombra que se proyecta
contra el rubor de la nube
en el cénit de la aurora,
acariciando las briznas frescas
mis pies descalzos,
florece la negra belleza
que no ha de caer en el olvido...
Pues en ella habito
y mi alma desvisto
de su pesada carga,
y se desvanece de la boca
la forzada sonrisa amarga.
Apresar tu aliento en mi aliento.
Aspiramos el mismo viento
que embriaga mis pupilas
y el iris
de una sonrisa,
la más sincera.
Fotografío en el parpadeo
el leve roce de un recuerdo.
En tus ojos tanteo
y encuentro
lo que no hallara en ninguna otra
mirada.
Arcángel de los murmullos y de los vahos...
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