Sentirse como una mota de polvo flotando entre los haces de luz de una lámpara que alumbra una habitación que siempre estuvo a oscuras. Como si durante todo ese tiempo hubiera ido a tientas, ya ahora que la luz me toca me percato de lo sucia y miserable que visto. De mi imagen, destartalada tras este tiempo sin cuidado.
Exactamente así me siento, pero con ese deje de felicidad maligna que me caracteriza. Estoy bajo el foco, expuesta, jugando mi papel... Y siento que estoy viva, ese halo malvado que desprendo, viene de mí. Y estoy contenta de que me toque esa luz. Todos ven quién soy, con las pupilas de sarcasmo y media sonrisa porque el haz luminoso se pose en mí. Que sepa que sigo aquí. No me echan, me voy, y aún no estoy fuera. Esas conversaciones, esas risas sin sentido y las que sí lo tienen, ese apoyo incondicional propio de amigos quizás se haya ido al traste por mí. Soy consciente de todo. ¿Carácter? Mucho. Una bomba atómica impredecible; pero escucho, veo y comprendo. A esa luz. No sé si ve lo que hay tras estos harapos, tras esta capa fina de mugre, pero desde luego no es visible la Cenicienta encantadora. Y esta motita de polvo de contenta con su media sonrisa, la expresividad en sus ojos y la luz sobre ella, que a su vez tiene sus miradas fugitivas y exhala una recriminación muy sutil y muy dulce. Y entre lo amargo, lo agrio y el azúcar, el haz de luz y la mota polvorienta, cara a cara, miradas fijas, pero sin llegar a verse bien. Y yo flotando y él mostrándolo.
¿Dónde hemos estado durante todo este tiempo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario