miércoles, 2 de mayo de 2012

Infancia...


Es un tesoro que nadie sabe valorar, hasta que se pasa, entonces nos arrepentimos por no haber vivido cada momento al límite, pero también nos alegramos porque lo hemos disfrutado, hemos sido felices en esa etapa de la vida. Entre pañales y sonajeros, biberones y peluches, uno se va formando para madurar, para prepararse para el mundo.

                En ese momento, me encontraba cavilando sobre mi niñez. Era muy menuda, con la piel suave y sensible, y muy graciosa. Tengo un álbum de fotografías en mi regazo, y unas lágrimas brotan de mis ojos, resbalando mejilla abajo. ¿Por qué ha cambiado todo? ¿Por qué no me puedo quedar como una niña toda la vida? No es justo. Ahora me cargan a tareas y libertades, ¡ninguna! Cuando era una canija tenía un imperio, era la reina de casa, con todos a mi servicio, podía pedir casi de todo, que lo tenía delante en un abrir y cerrar de ojos… 

No hay comentarios:

Publicar un comentario