lunes, 20 de febrero de 2012

Paralelismo incondicional

Por siempre, tú.
¿Hasta cuándo? Él.
Por siempre, tú.
Hasta ayer, él.


Si fuéramos las flores
del cerezo, primaveral,
si no fuéramos nosotros,
no pasaría jamás.


Si fuéramos las aves
que cantan al madrugar,
si no fuéramos tú y yo
no hubiera pasado jamás.


Somos nosotros,
somos tú y yo,
para siempre.
¿Y él?


Tu amigo, mi amigo,
la puerta tras de sí cerró,
empujado por nosotros,
tú y yo, para siempre.
¿Y él?


La puerta está cerrada
hecha de la madera más pesada:
madera del corazón.
Y nuestro amigo se marchó,
sólo quedamos tú y yo.
Para siempre.

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