sábado, 18 de febrero de 2012

LAS CONVERSE DE CENICIENTA (Capítulo 9)


9-Abuela in action



        -Debía tener unos diecinueve años… ¡Ja, ja, já! Lo recuerdo como si hubiera sido ayer… Bueno, yo era una muchacha hecha y derecha, muy bonita por lo que los mozos del pueblo decían… Y una tarde conocí a Anthony. ¡Qué hombre!-ahí se ríe como con descaro. A saber que vendrá después-. Total, que Anthony me traía flores cada día… ¡Y yo las aceptaba con mucho gusto! Y qué bonito era el jarrón donde las ponía…-esto va a ser eterno-. Y un día Anthony me llevó a bailar. Yo me puse un vestido blanco y unas sandalias preciosas, y fuimos a bailar. ¡Qué bien se movía! Esa noche me llevó a casa también, ¡y me quiso dar un beso! Pero yo, formalita, le dije: <<No, Anthony, no. Ahora no. >>. Y él se fue. Y a partir de ese día íbamos muchas tardes a bailar… Y una noche fuimos a su casa. Entramos y hablamos un rato, y él me besó. Yo no me resistí y fuimos hacia la cama…-¡Joder con la abuela! Me va a contar ahora la primera vez que se cepilló a alguien...-. Y nos tumbamos. No era la primera vez que me acostaba con un hombre, no, no… Pero ahí estaba él, besándome, y yo al lado. Entonces se empezó a desabrochar el cinturón, y yo no esperé más. Cogí y me fui diciendo que no estaba preparada… ¡Pero era mentira! Anthony era un hombre encantador, pero yo ya estaba con otros muchachos… Le dije que no creía que nos volviéramos a ver, y le besé para despedirme. Me fui a casa y disfruté de un baño…
        -¡Mamá!
        -¡Abuela! ¡No sabía eso!
        -Hay muchas cosas que no sabes de tu abuela, pequeña…

        Igual luego le pido consejos para ligarme a algún tío decente… Si es que encuentro alguno, quiero decir. Bueno, mi anciana abuela sigue con las historias y me doy cuenta que se ha tirado como a diez diferentes en un mismo verano. Y yo aún virgen… Señor, ni que estuviera desesperada… Ya llegará, de hecho aún soy una cría… Pero en mi instituto… ¡Qué coño! ¡En mi instituto todo son putas! Mejor no me comparo…
       
        Mamá, que parece tan formal suelta:

        -¡Mamá! ¡Estás hecha un putón!

        Y la abuela solo se ríe… Parece que no le importe ser una furcia. Quizás ese sea el secreto… ¿¡Qué estoy diciendo?! ¿¡Qué contiene este té?! ¿¡Y estas galletas?! A ver si la abuela me ha envenenado…
        Pero, pensándolo bien, con Jim Hurley la cosa fue de mal en peor, con Matt Jenks… Prefiero no recordar lo que pasó con Matt Jenks. Aquello fue un desastre, con todas las letras… Pero es que en el fondo nunca me he enamorado de verdad… No creo que sea importante, pero me preocupa, como cuando Harry, mi hámster no comía y al final era que no tenía hambre. Fueron cinco minutos de pura angustia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario