En el Jardín del Edén
me rindo al dulce siseo
de la serpiente...
Mas nunca voy a olvidar
el trinar de las campánulas,
el gorjeo de los pájaros,
el sabor de la miel dulce,
ni la más amarga nostalgia...
Despedida del jardín del Edén,
con el certificado bajo el brazo...
Qué desgracia el nuevo mundo,
el mundo de verdad.
Tan rodeada estoy de sangre y demás...
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