domingo, 6 de noviembre de 2011

LAS CONVERSE DE CENICIENTA (Capítulo 8)

8-Desvariando para variar


        Llamamos a la puerta de la casa. Es de dos pisos, con la fachada blanca y un buzón oxidado y envejecido por el tiempo y los años. El picaporte también es antiguo. Se oye una vocecilla que dice desde el otro lado de la puerta:

        -¿Quién es?
        -Hola, mamá.
        -Hola, abuela.
        -Pasad, pasad…

        Entramos en la casa y se cruza el gatito que tiene la abuela de mascota. Es un “Californian Spangled” Creo que se llama… ¿Lucero? Me agacho para acariciarlo y el animal se frota contra mis piernas. Me mira con sus grandes ojos verdes y maúlla. Yo no consigo evitar sonreír. ¡Es una cosa tan tierna y bonita!

        -¿Te gusta Lucerito?
        -¿Se llama Lucerito?
        -No, se llama Lucero porque me lo regalo una chica española que se apellida Lucero.
        -Ah.
        -Esto me recuerda a una anécdota de mi juventud… Creo que ya vas siendo mayorcita para que te la cuente-me da un pellizco cariñoso y un poco doloroso en la mejilla y me guiña el ojo. Me pide que le siga y se va hacia la salita de estar. Yo, tomo al gatito en brazos y lo llevo a la sala, para que se siente en mi regazo. Me tiro en un sillón con la funda rosa y en la parte superior un detalle de ganchillo, hecho por mi abuela, y cerca de la mesa. Dejo a mi amigo felino sobre mis piernas, pero se levanta y salta con elegancia al suelo.

        -Antes de empezar os quiero dar una cosa que he hecho para vosotras…-se levanta y saca de un cajón unos retales de punto- Para mi hija y mi nieta-se ríe y nos ofrece té y pastas. Se va a la cocina, y mamá y yo empezamos a hablar.

        -Mamá, esto es como siempre.
        -Lo sé, pero es mi madre.
        -Ya. Mamá, voy a engordar con tantas cosas que me da de comer.
        -¡Eso te haría falta, engordar! Al final la abuela nos estará haciendo un favor…

        Entonces aparece por la puerta con una bandeja llena. La deja sobre la mesa y se sienta lentamente en otro sillón. Nos mira y quiere empezar el relato, pero entonces aparece Lucero y se sienta en las piernas de mamá.

        -¡Oh, April, Lucerito te prefiere a ti! ¡Siempre me quitas a los hombres de mi vida!-mamá y yo la miramos flipando. Ella se ríe de nuevo y aclara-¡Era broma! Pero de eso os voy a hablar hoy… ¡de los chicos de mis años! Je, je, je… ¡Vais a saber cómo era yo de joven con los hombres!

        Ay, ay… ¡Qué miedo me da! A ver a cuantos tíos enamoró en las fiestas del pueblo con sus escotes de cuello alto y sus faldas por los tobillos… ¡Así es mi abuela! Siempre “provocando”…

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