lunes, 9 de mayo de 2011

Simpatizando con mi tristeza

El puñal, clavado a consciencia por el costado, sangrando lágrimas por los ojos que de todo se ríen, excepto hoy. Durmiendo vidas, viviendo pesadillas, rasgando la garganta que grita afónica de pena, que se funde en lágrimas, que todo altera. Un día de aquellos que es cadena negativa, que rompería cualquier vaso llenando las manos de sangre, si hiciera falta, que gritaría hasta quedarse sin habla y que lloraría hasta secarse las lágrimas, evaporarse una a una, perder agua, quebrar mares. La frágil coraza de una muñeca de porcelana se agrieta, se resquebraja, se le cae la fachada. Los labios, delicadamente pintados de rojo, los ojos, delineados de dorado y azules mar, las pecas como granitos de arena sobre la piel suave, blanca y rota. La muñeca gime, se queja, chirría por su demasiado superficial alegría y se rompe poco a poco, trozo a trozo, se queda sin aspecto y se tira a la basura... Ya sólo queda su alma, reducida, delicada, perdida por el viento en llanto. Y es que a veces pienso que esa muñeca soy yo.

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