sábado, 28 de mayo de 2011

Juegos

Peones en un juego extraño, cuyo tablero es frágil y delicado, quebradizo, denominado Planeta Tierra. Avanzamos a zancadas, a saltos, a gatas, lentamente. Rodamos hacia el mar envolviéndonos de granitos de arena, que quizás tiempo atrás fueron montañas, para desprenderlas a la deriva, flotando. Removemos las turbias aguas de la vida con los pies, algunos primero meten la mano para comprobar la temperatura, otros se lanzan de cabeza a la aventura (sin haberlo planeado me ha salido un pareado), pensando que lo que hay que echarle valor a lo que venga. Respiramos aroma a flores, escuchamos el precioso ruido de tres mil campanas, hablamos con bellos insultos, suspiramos por dolor, gritamos por amor... ¿O era al revés? Quién sabe. Puede que las cosas no sean como las vemos. Puede que sí, puede que no... No destrozaré más margaritas para obtener una respuesta irreal, me quedaré con el lujo y el beneficio de la duda, preguntándome porqué. Siempre pregunto porqué. ¿Y mis respuestas? Se las lleva el viento antes de que me de tiempo a escucharlas, a recapacitarlas, o una mirada mordaz grita silencio a mis pensamientos, que simplemente son mera filosofía... Pienso un arco iris fundido en negro, una tempestad naranja y verde, un mar amarillo, un cielo de rosas... De rosas, no de color rosa. Rosas, pero rosas sin espinas sin peligro... Lamentablemente esto no es así, y si yo no puedo controlar mi Planeta Tierra, mi juego... ¿Quién lo hace? Peones en un juego extraño, cuyo tablero es frágil y... Espiral infinita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario